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miércoles, 29 de mayo de 2013

Momento

Comenzó su día con una frase de José Ortega y Gasset, un español que pensaba, como solía llamarle. Esto no quería decir que los demás españoles no pensaran, sino que Ortega y Gasset era alguien de quien no sabía qué más decir. Así pues, las demás cosas podían esperar. Pensar había sido lo que había hecho ese día al despertar. No se levanto de la cama, no fue a sus clases. Estuvo hojeando su memoria y su imaginación. Cualquiera que fuese la fecha en el calendario, había traído consigo una especie de ruptura en su realidad. Le agradaba, le agradaba el estar echado, el haber olvidado aquello-que-ni-siquiera-intentaba-recordar (porque de verdad no recordaba qué era), el ser él mismo y nada más.

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