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sábado, 21 de abril de 2012

Oniros

He experimentado otras vidas en los sueños. Uno no puede pensar que eso que ve o que siente o que escucha es parte de esta realidad. Quizá de otra, más cierta desde alguna perspectiva. En mi cabeza hay una Caja de Pandora que durante mi insonmio se va llenando de las partes más crípticas de todos los símbolos que veo en todos lados. Cuando llega el sueño, la caja se vuelca y todo lo acumulado fluye y como una bola de nieve se va volviendo más grande hasta abarcar espacios que sólo son posibles en realidades distintas a esta ilusión en la que vivímos. Veo el reloj antes de dormir y en mis sueños ese reloj se ha detenido, y veo que el tiempo en su totalidad se ha congelado, y tengo que hallar la forma de corregirlo. Veo los árboles por la ventana, y al dormir se vuelven gigantes de los que huyo y el viento los revuelve y es el caos el que me persigue y del que finalmente no puedo escapar, siendo caos yo también. Vi el atardecer, y en la madrugada me atraparon las llamas del incendio de una ciudad que se derrumbaba hecha cenizas. Te vi unos instantes y una vida contigo florecía entre paisajes imposibles al estar yo en las aguas impredecibles del sueño. Son noches en que voy a vivir a otra parte, en las que las imágenes que veo me cambian por completo la concepción que tengo de las cosas. Nacer de nuevo al amanecer, desorientado y desconociendo por eternos instantes la cara de lo que debería ser familiar. Sueños, donde uno siente la más pura felicidad, ve la belleza más perfecta, siente la muerte más próxima y puede experimentar el miedo más terrible. Y uno no sabe qué hacer una vez que vuelve, como si las olas nos hubiesen arrastrado hasta esta orilla en la que tenemos que decidir si volver al mundo o no, desde algúna parte del mar después de haber flotado en él durante muchos años.

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