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lunes, 20 de diciembre de 2010

Despertar en Rioverde


Ayer al fin volví a mi hogar en Rioverde, SLP, después de pasar meses en la capital del estado por mis estudios en la universidad. Después de tanto estrés, escasas horas de sueño y meses de respirar formol todos los días a primera hora de la mañana, al fin tengo unas merecidas vacaciones. Me siento como uno de esos soldados que vuelven de la guerra, que al volver a casa llegan trastornados y bastante afectados por las cosas que vieron e hicieron en el campo de batalla. Ya no me es extraño el tener pesadillas en las que tengo que estudiar libros completos para un examen que es en unos días, o en las que me encuentro en el anfiteatro de la facultad, entre cadáveres.

Un descanso me era urgente, y lo único que deseaba ya en los últimos días de clases, era volver a Rioverde. Aún después de haber sabido que había aprobado mis materias, tuve que esperar, por uno u otro motivo, lo cual ya no soportaba. 

Y sí, ayer al fin volví...

9:30 am del día de hoy, yo apenas despertaba. Escuché el canto de aves que por mucho tiempo no escuché, sentí el agradable fresco de la mañana y no el intenso frío al cual me acostumbré en San Luis; también escuché el maldito ruido que hace la motocicleta del lechero, que seguramente fue lo que me despertó. Me sentía en casa de nuevo.

El pensar que próximamente solo tendré 2 semanas de vacaciones al año me pone a pensar en que de verdad tengo que aprovechar para hacer cosas para las que tal vez luego no exista tiempo; leer libros, salir con mis viejos amigos, dormir las horas que uno quiera, ya saben, cosas que uno extraña cuando está lejos de casa.

Anoche me costó mucho dormir. Me sentía raro al estar por fin en mi cama, sentía que todo lo que pasó en el semestre pudo haber sido solo un sueño. Pero no, estaba seguro de que no pudo haber sido un sueño.

Entre pensamientos vagos y reflexiones, recordé algo que un doctor, que es Neonatólogo, nos dijo en una clase de Embriología. Ya habíamos terminado de ver el desarrollo del bebé y todas esas cosas, y a él siempre le gusta relacionar la clase con sus experiencias o con lo que es la práctica clínica, y casi siempre terminábamos hablando de enfermedades congénitas. No recuerdo de cuál nos platicó, pero el punto es que se trataba de una enfermedad en la cual ya no había nada qué hacer por el bebé y que a el ya le había tocado muchas veces enfrentar esa situación. Una compañera le preguntó: "Doctor, ¿y qué hace uno en ese caso?" El doctor nos dijo, no sin pensarlo unos segundos, lo siguiente: "Darle cariño, aunque sea en los pocos días o pocas horas que esté a nuestro cuidado. Darle todo lo que uno pueda, y no dudar en hacer lo que los padres decidan."

Bien dicen que el médico pocas veces cura, a veces alivia, pero siempre debe de consolar.

" You're gonna have to go through hell, worse than any nightmare you've ever dreamed. But when it's over, I know you'll be the one standing. You know what you have to do. Do it. "

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